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Crítica de ‘Sin piedad’. Sencillo western con un inicio potente, un gran Ethan Hawke y un mal montaje.

Lejano Oeste. Rio y su hermana Sara, dos adolescentes, huyen de un hogar violento perseguidos por el villano de la película. Rio se irá encontrando en su viaje con Billy el Niño y Pat Garrett, un convincente Ethan Hawke, y tendrá que ir decidiendo si, para sus intereses, es mejor seguir al primero y convertirse en un forajido o confesarse al sheriff Garrett y pedir ayuda a la ley.

Vincent D’Onofrio, que también se guarda un papel, le pone voluntad dirigiendo este western que falla en varios aspectos. Un montaje que provoca unos saltos incomprensibles en la narración, como si te hubieras quedado dormido cinco minutos y no sabes donde estás. Añadido a una excesiva oscuridad mal iluminada. Además de alguna que otra interpretación justita.

Sin embargo, es curioso el encaje de las dos historias que se cruzan tanto la de Río, como la persecución de Billy por Pat Garrett y lo que influye en la vida del chico. Un western sencillito con un inicio potente para muy amantes del género polvoriento.

Lo mejor: Ethan Hawke

Lo peor: Un mal montaje del que se resiente la narración.

Nota: 2,5/5

 

Crítica de ‘La importancia de llamarse Oscar Wilde’. Los últimos años del escritor con un difícil acercamiento.

Valiente acercamiento de Rupert Everett a los tres últimos años de la vida de Oscar Wilde, un periodo sin brillos ni éxitos. De difícil visionado si no se conoce bien la vida y obra del escritor, ya que no pone en antecedentes a los no iniciados. Un proyecto que ha obsesionado a Everett durante los últimos diez años, que ha dirigido, guionizado e interpretado y que no había podido rodar hasta ahora por falta de financiación.

Nos cuenta como de roto acabó Oscar Wilde al salir de la cárcel condenado a dos años de trabajos forzados por el delito de homosexualidad, su exilio a Francia y como vivió esos tres años (1897- 1900) en la pobreza, olvidado y abandonado por la sociedad y ayudado por unos pocos amigos fieles, hasta su muerte en París.

Una película en exceso oscura, repetitiva y nada complaciente. Un retrato en el que Rupert Everett parece que nos transmita sus propios sentimientos de abandono e injusticia. Aunque sea de visionado difícil sigue siendo necesario denunciar y recordar las injusticias de sociedades supuestamente avanzadas y las que se siguen dando. Oscar Wilde no fue indultado hasta 2017.

Lo mejor: La denuncia de lo injusto.

Lo peor: De difícil acercamiento.

Nota: 3/5

Crítica de ‘Dobles vidas’. Conversaciones con el confort de lo analógico y la inmediatez de lo digital.

Alain y Selena son pareja. Leonard y Valerie también. Selena y Leonard tienen un lío hace años. Alain es el editor de Leonard al que rechaza publicarle su última novela. En la editorial de Leonard han contratado a Laure, una nueva asesora con la que tiene una aventura, que tiene que impulsar la edición digital.

Todas estas idas y venidas de parejas se sitúan en la parte terrenal del argumento, llevadas sin ningún dramatismo, ni culpas judeocristinas, gracias a dios, y con bastante normalidad. Como justifica Selena (Juliette Binoche) que sospecha que Alain (Guillaume Canet) se está viendo con otra persona, el no querer confrontarlo no es hipocresía, es llevar veinte años casados.

Adaptarse a las nuevas situaciones. En la parte teórica y dialogada, porque diálogos rápidos y conversaciones no faltan, se centran en el mundo de los libros, su paso del papel al e-book hasta el audiolibro recitado por actrices famosas, que proporciona uno de las ocurrencias más divertidas a la que se presta Juliette Binoche, aunque no es la única.

Entre quedadas para cenar, comer, desayunos y cafés se van encontrando unos personajes con otros hablando de lo analógico y lo digital, el cambio que generan las redes sociales, ¿la inmediatez es un valor?, ¿es el final de la crítica?, ¿un tweet puede ser literatura? Sin llegar a una verdad absoluta cada uno da su punto de vista.

Leonard (Vincent Macaigne) ha basado todas sus novelas en su vida real y parece que bastante literal y reconocible, es cuestionado en una presentación sobre si las personas objetos de su inspiración deberían cobrar derechos o incluso si como escritor tiene derecho a usar la vida real de otras personas, todo esto más en el modo indignados en Twitter que en una conversación real.

Comedia al servicio del divertimento de su director y del espectador, rodada con una textura de libro impreso que no digital, más cerca de las conversaciones de ‘Las horas del verano’, más dramática, que de su fascinante ‘Personal Shopper’ o ‘Viaje a Sils María’. Aunque siempre contraponiendo el pasado con el presente y el futuro.

Lo mejor: Divertimento que da para tertulia durante una buena cena con los amigos.

Lo peor: Que pueda parecer demasiado sesuda.

Nota: 4/5

Crítica de ‘¡Shazam!’. No pasará a la historia pero te proporciona el superpoder del rejuvenecimiento.

Cuando Billy Batson debate con su hermano Freddy qué superpoder elegiría entre volar o invisibilidad, aún no sabe que en poco tiempo el mago Shazam le hará portador de las habilidades de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio. Cada vez que dice ‘Shazam’, Billy, un pre-adolescente, se convierte en un adulto musculoso y con superpoderes. Antes de saber que tendrán un archi-enemigo (Mark Strong) al que tendrán que derrotar, Billy y Freddy que ejerce de guía, se dedican a probar todas las capacidades extraordinarias de Shazam a ritmo de Queen, es lo que haríamos cualquiera de nosotros a los trece años en sus mismas circunstancias, y hay algunas probaturas muy divertidas.

Jack Dylan Grazer (Freddy) sabe darle a su personaje la pasión y admiración por los superhéroes y hace buena pareja tanto con Asher Angel (Billy) como con Zachary Levi (el superhéroe) que parece que disfrute de verdad con su papel. La única pega es que Billy, enfadado con el mundo, y Shazam, gamberro y festivo, no parecen la misma persona, no evolucionan juntos, aunque quizá se trate de algún otro superpoder.

David F. Sandberg (Lights out, Annabelle: Creation) deja aquí el terror y hace de este Big en leotardos una película colorista y trepidante de principio a fin, aún con sus 132 minutazos de duración, con homenaje a la película de Penny Marshall incluído. Cuenta con un guión con ritmo, una banda sonora a cargo de Benjamin Wallfisch de bombo y platillo, que en algún momento recuerda a ‘E.T’ y actuaciones dinámicas. Seguramente no pase a la historia pero nos divertirá y entretendrá como si fuéramos adolescentes.

Lo mejor: Adquieres el poder de rejuvenecimiento. Hasta los doce años más o menos.

Lo peor: La poca coherencia de personalidad entre Billy y Shazam.

Nota: 4/5

Crítica de ‘Conociendo a Astrid’. Biopic convencional, pausado y elegante de la autora de Pipi Calzaslargas.

¿Cómo puede una señora conocer tan bien el mundo de los niños cuando hace mucho que dejó de serlo? Esta frase la lee una Astrid Lindgren ya mayor en una de las muchas cartas que recibe de sus pequeños admiradores, a partir de aquí nos trasladamos a los años 20 en la Suecia de la Astrid adolescente, mucho antes de dedicarse a escribir.

Astrid, una magnífica Alba August, vive con su familia en un ambiente tradicional y religioso, sus hermanos siempre le reclaman oír uno de sus cuentos e invenciones y pronto empezará a trabajar en el periódico local. Se quedará embarazada de su jefe que está en trámites de divorcio. Toda esta mezcla de elementos harán que Astrid viva seguramente los años más complicados de su vida en los que se centra toda la película.

No se nombra en ningún momento a su personaje más conocido, Pippi Langstrum, aunque podemos reconocerla en la personalidad de Astrid; solo en un guiño se nombra de pasada a un tal señor Nilsson. Aún con todo en contra, Astrid se mantiene independiente y lucha por seguir adelante, estudiar, encontrar trabajo, vivienda y poder conservar a su hijo. En gran parte gracias a la generosidad de extraños y sobretodo a su tenacidad.

Drama histórico biográfico contado por Pernille Fischer Christensen de una manera optimista y nada lacrimógena. Un relato pausado y elegante de los años que marcaron a una de las escritoras más leídas en la literatura infantil.

Lo mejor: Conocer parte de la vida de esta escritora y Alba August.

Lo peor: Que puede parecer un poco convencional.

Nota: 3/5

Crítica de ‘Largo viaje hacia la noche’. La búsqueda extrasensorial y en 3D del amor perdido.

Un hombre vuelve a Kaili, su pueblo natal, para intentar encontrar y recuperar a un amor perdido muchos años atrás de la que recuerda que se llama Wan Quiwen. Se mezcla alguna historia familiar y algún ajuste de cuentas en el camino. Al entrar en el cine te entregan unas gafas 3D pero te avisan que hasta la hora y diez de metraje no serán necesarias, la película está claramente dividida en dos partes.

En la primera, en la búsqueda de ese amor perdido, la narración no es nada fácil, no sabemos si estamos en el presente, el pasado, si es real o un sueño lo que estamos viendo, tampoco lo sabe el protagonista. En la segunda parte, el protagonista entra en un cine, hay un fundido en negro y empieza la experiencia en tres dimensiones.

Un larguísimo plano secuencia que recorre desde una cueva donde veremos una partida de ping-pong, callejones, una fiesta popular con karaoke en la plaza del pueblo, los billares donde encontrará a una mujer, hasta encontraremos elementos fantásticos con palas de ping-pong. Lo mejor es

Lo mejor: Dejarse llevar por la belleza de las imágenes y la experiencia extrasensorial tanto del primer tramo como del 3D y no pretender entender más allá de lo que podemos entender un sueño.

Lo peor: Imprescindible vivirla en una sala de cine.

Nota: 4/5

Crítica de ‘¿Qué te juegas?’. Un juego de seducción que se queda a medio camino del final feliz.

Roberto, Daniela y Fernando son los hermanos Allende-Salazar, propietarios de una gran empresa que han heredado, en este caso, una naviera. Daniela, que vive para trabajar, dirige la compañía con mano de hierro. Sus hermanos se apostarán que Daniela perderá la cabeza por amor y el que gane se quedará con el voto del otro en las decisiones de la empresa. Ahí es cuando entra Isabel, Leticia Dolera, una monologuista sin mucho éxito que trabaja en un bar, a la que Roberto (Javier Rey) contrata para seducir a una estirada Daniela (Amaia Salamanca).

Ya tenemos servido un juego de seducción aliñado de contrastes entre mega-ricos y mileuristas. Un sencillo argumento para esta comedia romántica de enredo que podría dar paso a diálogos y situaciones cómicas que se quedan un poco a medio camino por falta de ritmo o se pasan al humor de brocha gorda.

Con unos secundarios simpáticos, por un lado los compañeros de piso de Isabel, Mariam Hernández y Brays Efe, y por el otro, como el mejor de la función, con un personaje completamente cómico de comedia clásica, está Daniel Pérez Prada, el tercer hermano en discordia. Inés de León demuestra potencial para una próxima película quizá con unos diálogos más acertados.

Lo mejor: El almirante de Daniel Pérez Prada.

Lo peor: Unos diálogos sin ritmo.

Nota: 2,5/5

Crítica de ‘Bel Canto. La última función’. Una tragedia que acaba desafinando por completo.

Una cantante de ópera mundialmente famosa (Julianne Moore) es contratada para cantar en una mansión de un país sudamericano en un concierto privado donde asistirán empresarios, políticos y supuestamente el presidente del país. Durante el acto son atacados por una guerrilla que toma a los asistentes como rehenes para exigir la liberación de todos los presos políticos.

Basada en la novela de Ann Patchett, inspirada en el secuestro real ocurrido en Perú entre el 96 y el 97 por el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru de 800 diplomáticos, militares y empresarios, en el que demandaban la liberación de 465 de sus miembros encarcelados, entre otras cosas. Ya de inicio el desarrollo se hace muy pesado ya que al haber personajes de varias nacionalidades tienen que utilizar un intérprete y oímos la versión original y la traducción. Las escenas de canto se nota demasiado que están dobladas.

Los actores parece que no tengan claro que están haciendo allí. Y todo ello nos va sacando de la película. El cautiverio durará meses en los que captores y rehenes, de repente, ya que no nos cuentan las razones, pasarán a ser compañeros, amigos y algunos de ellos hasta amantes.

La mansión en la que se encuentran se convertirá en una especie de academia de las artes en la que se enseñarán unos a otros ajedrez, canto, idiomas,… llegando a situaciones bastante ridículas. Quizá porque Paul Weitz está más acostumbrado a la comedia (American Pie, Ahora los padres son ellos) esta tragedia se le ha atragantado.

Lo mejor: Tiene una buena idea en un principio.

Lo peor: En general, todo un poco.

Nota: 2/5

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